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"Todo ciudadano tiene derecho a poseer un arma", dice sin dudar Richard Gilliland, director regional de la Texas State Rifle Association, mientras camina entre fusiles y pistolas en un mercado de exhibición de armas temporal montado en El Paso, Texas (sur de Estados Unidos).
El Paso, que se precia de ser una de las ciudades estadounidenses con los menores indíces de criminalidad, está ubicada justo frente a Ciudad Juárez, en México, la más violenta de ese país, con 3.600 homicidios el año pasado.
Las autoridades mexicanas creen que la venta sin restricciones de armas en Estados Unidos alimenta a las bandas del crimen organizado de su lado de la frontera.
Pero para Gilliland, la venta libre de armas es parte de una tradición que no puede ser desestimada.
"La historia de Estados Unidos nos muestra que defendernos de personas malintencionadas es necesario para salvaguardar nuestras vidas", agrega, mientras hombres y mujeres examinan con curiosidad las armas exhibidas en el salón por más de 20 vendedores.
Basta un simple proceso de apenas unos minutos y cualquier vecino con una identificación oficial como la licencia de conducir o el permiso de residencia que no tenga antecendentes penales puede comprar un arma. Los vendedores simplemente realizan una llamada para verificar.
"Es indispensable que haya conciencia en el público de Estados Unidos de que esas armas no se están utilizando exclusivamente para la protección de ciudadanos de ese país, sino para un tráfico que es sumamente dañino en nuestro lado de la frontera", dijo el jueves a la prensa en Ciudad de México Alejandro Poiré, secretario del estatal Consejo de Seguridad del gobierno mexicano.
Según México, más del 80% de las armas incautadas a los cárteles narcotraficantes provienen de Estados Unidos. Pero Gilliland asegura que la principal fuente de armas que llegan a México no es su país.
"A México entran más armas provenientes y exportadas por China (como los Ak-47) que por Estados Unidos", afirma, tajante.
Según Poiré, México ha decomisado en los últimos cuatro años unas 100.000 armas, mientras que en un lapso de dos años las autoridades estadounidenses apenas confiscaron 10.000.
La polémica sobre el contrabando de armas desde Estados Unidos se alimentó aún más a comienzos de este mes, después de revelarse que autoridades estadounidenses permitieron en 2009 el paso ilegal por su frontera sur de casi 2.000 armas para rastrear
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