Que Onda Magazine
Publicado el 10-21-2010

El amor puede ser analgésico natural

Investigadores descubrieron que el amor romántico intenso podría ser un analgésico natural tras un estudio de estudiantes enamorados de la Univesidad de Stanford.

El sentimiento de estar enamorado activa los mismos centros cerebrales orientados por la dopamina que se sintonizan con drogas ilegales como la cocaína.

Crédito: Thinkstock
El efecto analgésico va más allá de la distracción cuando la persona está pensand en su amante, aunque eso también funciona.

"El amor involucra estos sistemas cerebrales profundos que tienen que ver con la recompensa y el deseo, y sistemas parecidos que tienen que ver con la adicción", aseguró el Dr. Sean Mackey, autor principal de un artículo que aparece en la edición en línea del 13 de octubre de la revista PLoS One.

"Esto nos da ciertas ideas sobre formas potenciales de hacer más pruebas, y ultimadamente traducirlo en un tratamiento para el dolor", añadió Mackey, jefe de la división de gestión del dolor de la Facultad de medicina de la Universidad de Stanford.

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Los autores reclutaron a quince estudiantes universitarios de la Stanford que estaban "completamente enamorados", contó Mackey, y añadió que el proceso de reclutamiento duró "apenas unos días".

"Ha sido el reclutamiento más fácil para un estudio", señaló. "En unas horas llegaron a mi puerta exigiendo que los estudiara. Cuando uno está enamorado, quiere contárselo al mundo entero".

Los siete hombres y ocho mujeres enamorados, que aún estaban en la fase de encantamiento de su relación, acudieron al estudio con una fotografía de sus amados.

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Los investigadores mostraron la fotografía del ser querido mientras infligían dolor con una sonda termal portátil. Como control, se pidió a los participantes que mencionaran todos los deportes que se juegan sin pelota, como forma de distracción, mientras se activaba la sonda.

"Para nuestra agradable sorpresa, tanto el amor como la distracción redujeron el dolor al mismo nivel, y eso es bueno porque nos permitió compararlos de forma más completa", explicó Mackey.

El alivio del dolor producido por ver la fotografía del ser querido parecía ser específico de esa acción. Cuando se pidió a los participantes que vieran una fotografía de una persona igualmente atractiva y conocida, sus niveles de dolor no se redujeron.

IRM funcionales de los cerebros de los participantes también revelaron que "los sistemas cerebrales involucrados en la distracción son completamente distintos de los involucrados en el amor", dijo Mackey. "En la distracción, hubo un nivel mucho más alto de sistemas corticales nuevos que tienen que ver con la atención y la distracción clásicas".
Por otro lado, "en el amor se involucraron sistemas cerebrales reptilianos muy primitivos que clásicamente tienen que ver con los sistemas de recompensa que motivan nuestros impulsos básicos", señaló.

Aunque los estudiantes del estudio estaban en la edad en que el amor se encuentra en todas partes, Mackey cree que los resultados se traducirían fácilmente a personas de más edad.

"Enamorarse por completo no es cosa sólo de estudiantes universitarios", aseguró. "También le puede suceder a personas mayores".

Tampoco hay que estar en las primeras etapas del romance para beneficiarse de los efectos calmantes del amor.
"Esto me dio una mayor apreciación de que para un paciente de dolor crónico, estar en una relación amorosa podría en realidad proveer cierto beneficio analgésico", aseguró Mackey.

Pero tal vez no todo el mundo pueda encontrar el amor tan fácilmente. El Dr. Joe Contreras, jefe de atención del dolor y paliativa del Centro Médico de la Universidad de Hackensack en Nueva Jersey, cree que la distracción podría ser un remedio más asequible (pero con frecuencia ignorado) para el dolor.

Encontrar maneras de distraerse es "en definitiva algo que lamentablemente se utiliza poco, creo, porque nuestro sistema [médico] no lo fomenta y las compañías de seguro no lo cubren", comentó.

Y Anna Ratka, profesora y jefa de ciencias farmacéuticas de la Facultad de farmacia Irma Lerma Rangel del Centro de Ciencias de la Salud Texas A&M en Kingsville, se mostró cauta.

"Esto aún está muy lejos [de ser útil en la clínica]", aseguró. "En mi opinión, es sólo otra demostración del hecho de que el dolor es un fenómeno extremadamente complejo, y que depende mucho de la percepción, que en realidad es muy distinta en las diferentes personas"