Que Onda Magazine
Publicado el 02-04-2011

Obama y McCain hablaron de inmigración, pero…

La reforma migratoria sigue lejos de los indocumentados

WASHINGTON – No se reunían para hablar de un tema que concierne a 11 millones de indocumentados desde hace más de dos años, cuando se enfrentaron por la presidencia de Estados Unidos. El presidente Barack Obama y el senador John McCain (Arizona) se reunieron el miércoles en la Oficina Oval de la Casa Blanca y trataron el tema, pero al término del encuentro no se dijo nada nuevo.

El debate de la reforma migratoria se estancó a mediados de 2006 cuando el Congreso detuvo la convocatoria del Comité de Conferencia que armonizaba dos proyectos. Uno aprobado por la Cámara de Representantes criminalizaba la estadía indocumentada, mientras que el otro sancionado por el Senado recomendaba una vía de legalización para indocumentados que carecían de antecedentes criminales.

La cancelación del debate (ordenada por el entonces liderazgo republicano, quien argumentó razones de seguridad nacional) desató una oleada antiinmigrante y motivó que los estados discutieran y debatieran sus propias leyes migratorias para combatir la inmigración indocumentada.

El proyecto de 2006

En mayo de 2006 McCain votó a favor de un proyecto de ley que otorgaba una vía de legalización para la mayoría de los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos.

El plan dividía a la población sin papeles en tres grupos y a cada uno de ellos lo trataba de manera distinta.

El grupo uno lo integraban indocumentados que llevaban cinco años o más en el país. Ellos accederían a una residencia temporal de seis años y luego a la residencia permanente. Once años más tarde podrían solicitar la ciudadanía. Según el proyecto, se beneficiarían 7.8 millones.

El grupo dos lo integraban indocumentados que llevaban más de dos años y menos de cinco en el país. Ellos deberían registrarse en un puesto fronterizo y calificarían para un permiso temporal de trabajo hasta que cumplan cinco años de estadía. Se beneficiarían 3.5 millones.

Y el grupo tres lo integraban indocumentados que llevaban menos de dos años en Estados Unidos, quienes no calificarían paran ningún tipo de beneficio y deberían irse del país. Afectaría a 1.4 millón.

Cambio de postura

Dos años más tarde, durante la elección presidencial 2008 (y que mantuvo en el transcurso de la elección de medio tiempo 2010), McCain cambió de postura y tomó distancia del proyecto que aprobó en 2006. El senador dijo que sólo aceptaría una solución al problema de los indocumentados una vez que las fronteras de Estados Unidos estén aseguradas y se frene el tráfico de indocumentados.

McCain fue reelecto en una reñida contienda electoral, pero a la fecha no se ha determinado cuándo se considerará seguras las fronteras.

La Casa Blanca asegura que en los dos últimos años se han tomado severas medidas para controlar el cruce ilegal de personas y combatir el narcotráfico en la línea divisoria con México, y se ha fortalecido la ejecución de la actual política migratoria.

En el año fiscal 2010 el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) deportó a más de 392,000 indocumentados (195,000 de ellos con antecedentes criminales), la mayor cifra registrada en la historia.

La Administración asevera que las fronteras ya son seguras y que el siguiente paso es la aprobación de la reforma migratoria para legalizar a millones de indocumentados que carecen de antecedentes criminales.

Futuro incierto

El reiterado llamado del gobierno para que el Congreso debata y apruebe la reforma migratoria se topa con un congreso dividido y una oposición que controla la Cámara de Representantes y se resiste a aprobar un cambio en las leyes migratorias.

Eliseo Medina, vicepresidente del Sindicato de Empleados y Servicios (SEIU), dijo en Washington DC que los republicanos se encuentran atrapados entre su retórica política y el futuro de su propio partido y que no es probable por ahora que ocurra un debate en el legislativo.

En California, Juan José Arévalo, director del Movimiento Latino USA, reiteró que la actual estructura de poder en el Congreso tiene estancada la reforma y dijo que las probabilidades de un debate son bajas.

Sin acuerdo bipartidista es prácticamente imposible que el Congreso apruebe una vía de legalización. Los demócratas cuentan con 54 de los 100 asientos en el Senado y necesitan 60 para acordar un cambio a las leyes de inmigración. Y la Cámara de Representantes está en manos de los republicanos quienes se mantienen opuestos a la reforma migratoria.

Durante la presentación del segundo Informe sobre el Estado de la Unión, Obama dijo que ambos partidos deben “encarar” la reforma y formuló un llamado a ambos partidos para terminar con las diferencias y encontrar una solución al problema que plantean los 11.2 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país.

De qué hablaron

Tras la reunión del miércoles en La Oficina Oval, McCain dijo a periodistas que (con Obama) “hablamos sobre una amplia variedad de temas. Evidentemente hablamos de inmigración".

La agencia The Associated Press dijo que Obama se comunicó con McCain después de que el senador escribió un editorial en el diario The Washington Post. En ese texto, elogió las declaraciones realizadas por Obama el 12 de enero, durante un acto en memoria de las víctimas del ataque del 8 de enero en Tucson, donde murieron seis personas y resultaron heridas otras 13.

McCain dijo además que su relación con Obama "siempre ha sido cordial", y apuntó que "estamos ansiosos por trabajar en algunos de los temas que discutimos".

La Casa Blanca no dijo si el tema de la reforma migratoria figura en la lista de temas urgentes a ser debatido entre el ejecutivo y el legislativo. Tampoco las dos cámaras del Congreso han precisado si está en curso un debate sobre una vía de legalización para los indocumentados.